Una mirada al sur del continente americano: Chile fantástica

Agosto 30, 2008 · Se encuentra en Chile · Comentario 

 

La larga y angosta tierra de Chile es una de muchos extremos. Al sur, donde nubes cargadas de agua dejan caer anualmente 2.500 milímetros de lluvia, transcurren innumerables semanas sin ver el Sol. Lejos al norte hay vastas extensiones áridas y desérticas donde solo han caído unos doce milímetros de lluvia en los últimos cinco años. Aquí, en esta zona intermedia, a unos 400 kilómetros al norte de Santiago, se encuentra el “Norte Chico” y la ciudad de La Serena, un centro internacional para la astronomía.

¿Por qué esta región escasamente habitada, parecida a un desierto, bordeada por el océano Pacífico y las elevadas montañas de los Andes ha despertado tanto interés astronómico en los últimos diez años? Es porque tres nuevos observatorios han sido construidos en esta zona, con telescopios que van de veinticinco a ciento cincuenta y dos centímetros. El deseo es tener mayores instrumentos astronómicos en el hemisferio meridional para estudiar los objetos celestiales que no se pueden observar fácilmente desde el hemisferio septentrional.

Por ejemplo, están las Nubes de Magallanes, varias galaxias del hemisferio meridional y algunas de las más brillantes nubes de estrellas. ¡Miríadas de joyas estelares brillan en los cielos meridionales!

Por eso se hizo una búsqueda a fin de hallar una ubicación apropiada en el hemisferio meridional, y la decisión final se hizo a favor del “Norte Chico.” ¿Por qué?

Según el astrónomo Dr. J. A. Graham, esta zona tiene los cielos más claros y oscuros de los que disfrutan cualquier observatorio ubicado en la Tierra. De hecho, el cercano valle Elqui es conocido como “la tierra del eterno cielo azul.”

Además, este sector está lejos de cualquier ciudad grande que podría ocasionar algún factor negativo de observación, como la niebla mezclada con humo y los destellos de las luces de neón. En esta seca región hay casi completa ausencia de la turbulencia atmosférica que normalmente causa la “titilación” de las estrellas. Estos factores contribuyen a hacer de esta región un corredor de observatorios.

Según el Dr. V. M. Blanco, director del Observatorio Inter-Americano del Cerro Tololo, “bajo estas excelentes condiciones de observación, los telescopios en el Cerro Tololo son mucho más eficaces que los instrumentos de tamaño similar ubicados en el hemisferio septentrional establecidos hasta la fecha.” Otro astrónomo dijo: “Con el reflector de 152 centímetros, podemos llevar a cabo ciertos estudios extragaláxicos que en el hemisferio septentrional requerirían un telescopio de 1.520 centímetros.

 

”VISÍTALO también te lleva a Chile….”

El río Amazonas: indispensable para millones de seres

Agosto 25, 2008 · Se encuentra en América, Maravillas Naturales · Comentario 

Un gigantesco río surca la mayor selva tropical de la Tierra. Para los entendidos, es una corriente esencial en el planeta; para exploradores y naturalistas, un paraíso, y para millones de brasileños, una vía de comunicación indispensable. Se trata del Amazonas, eje de la Amazonia.

Conozca de cerca el “Mar Dulce”

Desde sus humildes comienzos en las alturas de los Andes peruanos, a menos de 160 kilómetros del Pacífico, el Amazonas crece, nutrido por las aguas de muchos afluentes, y desciende unos 5.000 metros hasta llegar al Atlántico. Cambia de nombre varias veces antes de entrar en Brasil, donde se llama primero Solimões. Tras confluir cerca de Manaos con su tributario más caudaloso, el río Negro, se convierte en el imponente Amazonas.

En este punto se produce un hermoso espectáculo singular: las oscuras aguas del río Negro se encuentran con las lodosas del Solimões, y ambas siguen fluyendo lado a lado, sin mezclarse, a lo largo de unos 10 kilómetros. Este fenómeno se atribuye a factores tales como la diferencia de composición, densidad y temperatura de las dos corrientes.

La controversia que existe tocante a los principales afluentes del Amazonas y las cabeceras de estos, así como las complicadas características geográficas de su delta, dificultan la labor de determinar con exactitud dónde empieza y dónde termina el río. Si tomamos como extremo la desembocadura más distante del estuario de Pará, punto de entrada de barcos, alcanza unos 6.750 kilómetros de largo. No obstante, su longitud total exacta es “más un asunto de definición que de medida”, dice el Libro Guinness de los récords.

En materia de caudal, nadie discute su primacía, pues deja atrás al Misisipí, al Nilo y al Yangtsé juntos. Con una descarga media de más de 200.000 metros cúbicos por segundo, vacía en el Atlántico entre el 15 y el 20% del total de agua dulce que penetra en los océanos de todo el planeta. En tan solo medio minuto saciaría la sed de la población mundial durante un día: un litro para cada uno de los 6.000 millones de habitantes de la Tierra.

Esta extraordinaria descarga “empuja” el mar y forma una capa de agua dulce que se adentra 200 kilómetros en el Atlántico. No es de extrañar que al ver la desembocadura del río, Vicente Yáñez Pinzón, navegante español que penetró en el Amazonas en junio de 1500, lo denominara “mar Dulce”.

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