Para gente “con altura”…..Bolivia

Septiembre 3, 2008 · Se encuentra en Uncategorized 

 

 

 

Para la gente del altiplano de Bolivia el ‘vivir en un nivel elevado’ es asunto cotidiano. Ahora bien, si usted es como la mayoría de la gente, cuando llega al aire ralo a altura mucho mayor de 1.600 metros comienza a sentirse algo aturdido, hasta mareado. Pero aquí, en esta meseta elevada a más de 3.200 metros sobre el nivel del mar, casi dos terceras partes del número de habitantes viven y trabajan cómodamente… con la cabeza un poco ‘en las nubes,’ y con los pies en tierra firme.

El altiplano es una meseta ancha y plana, que se extiende entre cordilleras escarpadas de los Andes descollantes. La meseta, barrida por el viento y árida, casi no tiene árboles. Sin embargo tiene su propia belleza extraordinaria. Aquí en el aire enrarecido la luz parece diferente… tan brillante, haciendo que los colores resalten con una claridad que no se ve en tierras situadas en altitudes inferiores. Para estos bolivianos, así como para sus antepasados por siglos pasados, ésta es su casa, y les agrada su modo elevado de vivir.

Lo que no se encuentre en el altiplano en cuanto a verdor o variedad, la gente lo compensa con su indumentaria llena de colorido. Los ponchos, frazadas de lana cuadradas y grandes, con una abertura en el medio para que entre la cabeza, son una prenda exterior de vestir de los varones que se usa con regularidad. Sandalias de hechura casera probablemente tengan suelas cortadas de neumáticos de autos desechados. Para las mujeres, las polleras de colores brillantes, faldas recogidas en la cintura y anchas en la base, alcanzan una longitud normal que está a la mitad entre la rodilla y el tobillo, sea joven o vieja quien se las ponga. Algunas de las cholas (mujeres de linaje mixto español e indio) quizás lleven cinco, seis o hasta diez faldas, una sobre la otra. En la espalda llevan un saco cuadrado de material tejido en el cual quizás lleven un bebé, o alguna ropa de cama, o productos que se estén llevando al mercado. Con las manos libres, al caminar las mujeres pueden hilar lana de oveja o llama, utilizando un huso sencillo.

¿De qué parte del país son? Por lo general sus sombreros lo indican. Las cholas que viven en las ciudades de La Paz y Oruro o alrededor de ellas llevan un sombrero de tipo hongo de color café, café con leche o negro. Las de la zona de Cochabamba llevan sombreros de paja dura esmaltados en blanco con una copa alta, atados en la base con un listón negro. ¿Las mujeres que no tienen sombreros? Probablemente son de Sucre, en la parte central del sur de Bolivia.

Sin importar de dónde sean, nunca tienen que preocuparse en cuanto a modas anticuadas… pues este modo de vestir ha subsistido básicamente igual por siglos. Y todavía es atractivo.

Pocos lugares igualan a los mercados bulliciosos en cuanto a vida y color. Las cholas se sientan en cuclillas o entronizadas con sus artículos y mercancías amontonados en torno de ellas. Las frutas y las hortalizas forman pequeñas pirámides nítidas. Las compradoras regatean con las vendedoras, que jamás esperan que se les pague el primer precio que dan. Cuando se efectúa la compra, las vendedoras siguen la costumbre latinoamericana de dar la yapa (o ñapa)… el puñado adicional de cualquier producto que se compra. Si sucede que uno es su primer cliente de la mañana, los esfuerzos por vender serán estrenuos. La superstición dicta que el primer cliente tiene que comprar algo o el negocio será malo todo ese día. Quizás besen el dinero de la primera venta, por el momento idolatrándolo por lo que se supone que traerá de buen negocio.

Cerca de allí hay muchachitos jugando con juguetes sencillos. Cápsulas de botellas, pacientemente aplanadas con una piedra, se usan en un juego similar al de las canicas. Aquí viene un muchachito con algo más elegante… un camioncito formado con unas latas de sardina, con carretes de hilo vacíos como ruedas y una cuerda para halarlo.

Cholitas, quizás de cinco o seis años de edad, juegan con muñecas de trapo hechas por las manos amorosas de sus madres. Como sus madres, llevan una indumentaria chola completa, incluso el saco en la espalda, quizás lleno de carozos, palitos o trapos… cualquier cosa que haga parecer que ellas también están llevando su propia carguita.

Cosas sencillas en comparación con lo que tienen muchos muchachos y muchachas en países industrializados. Y sin embargo estos niños obviamente están felices mientras juegan.

Esté a la altura de Bolivia con VISÍTALO….es una dicha!

 

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