‘La lagartija más pequeña del mundo’
“Ese animalito es el más pequeño del mundo” ¡! De solo dos centímetros de largo, ha sido descubierto en unas cuevas del Parque Nacional Jaragua, en la República Dominicana. “El mayor riesgo que corre es la deshidratación, pues su superficie corporal es muy grande comparada con la masa —observa el diario londinense The Times—. No solo es la lagartija más pequeña, sino también el miembro más diminuto de los amniotas, grupo que abarca las 23.000 especies existentes de reptiles, aves y mamíferos.” Su única rival en cuanto a tamaño es otra lagartija de las vecinas islas Vírgenes Británicas. El rotativo añade: “El Caribe ostenta asimismo el ave más pequeña: el colibrí abeja (o sunsún), de cinco centímetros de largo, así como la serpiente más delgada: la serpiente gusano antillana menor, que podría atravesar un lápiz por el centro si a este se le sacara la mina”
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“El coquí”… porqué es la “ranita de Puerto Rico”
HACIA el fin de un largo día de trabajo, los hombres estaban cansados, tenían calor y estaban bañados en sudor. Pero mantenían el movimiento rítmico del machete que, moviéndose con sonido sibilante, cortaba la caña de azúcar. Mientras tanto, los hombres estaban a la espera de otro sonido. Finalmente se oyó el canto agudo que daba por terminado otro día de trabajo. Era la penetrante voz del coquí, la ranita de Puerto Rico, que comenzaba su canto de: “¡co-quí! ¡co-quí!” Hace muchos años, antes de que existieran los sindicatos laborales, el canto del coquí era el silbato que indicaba a los cortadores de la caña que era tiempo de dejar de trabajar.
Esta ranita tiene un tamaño de 36 milímetros. Su cuerpo no es mucho mayor que la uña del pulgar de un hombre. La cabeza, con sus ojos grandes y protuberantes, es más ancha que el resto del cuerpo. Esos ojos siempre están alerta para notar cualquier insecto que por descuido vuele lo suficientemente cerca del coquí como para llegar a ser un sabroso bocado para éste.
A diferencia de otras ranas, el coquí no tiene las patas palmeadas, sino que tiene dedos largos como los de una mano. El color de su piel cambia de claro a oscuro, para hacer juego con lo que le rodea. Otro rasgo que lo distingue entre las ranas es su desarrollo, que pasa de huevo a embrión y entonces a rana. No pasa por una etapa de renacuajo. La hembra es enorme en comparación con el macho. Ella pone, por lo general, 36 huevos sobre la hoja de una planta epífita precisamente donde la parte baja de la hoja toca la superficie del agua. Los huevos forman una masa ovalada de seis a ocho milímetros de diámetro.
De noche, los coquíes, asentados aquí y allá en la vegetación, disfrutan de sus propios sonidos armoniosos. Solo los machos cantan. A veces comienzan su melódico cantar de manera suave, y van ascendiendo en la escala musical con un rápido “¡co-quí-quí-quí-quí-quí!” A medida que adquiere volumen el canto se calma, y produce las dos notas comunes de “¡co-quí! ¡coquí!” Para los que residen en Puerto Rico este canto es un acompañamiento muy placentero a la hora de la cena.
A una familia en particular le encantaba el canto nocturno de la ranita que se colocaba sobre la planta bromeliácea que colgaba en el balcón. Era un gozo para los visitantes de otros países. Solía suceder que la gente no dejara tranquilo al coquí; levantaban la hoja de la planta para echar un vistazo a aquel cuerpo tan pequeño del cual venía una voz tan grande. Una vez se le observó sentado sobre la persiana de una ventana, inflándose hasta el doble de su tamaño y entonces dejando salir los silbidos de “¡co-quí!” mientras su cuerpo latía con cada nota.
En un pueblo pequeño de la isla una señora tuvo la deleitable experiencia de presenciar el nacimiento de una familia de coquíes. Una noche vio a la hembra en lugar muy alto en la pared de la cocina. La hembra, que es más oscura y verrugosa que el macho, no es tan bien parecida como éste. Por la mañana, la mujer revisó el agujero donde vivía el macho, y lo encontró sentado sobre una masa de huevos. Las noches ahora eran silenciosas, porque el coquí no canta mientras atiende a sus deberes de padre.
La señora observó atentamente los huevos, y su vigilancia fue recompensada. Finalmente se dio cuenta de una corriente de agua que corría sobre los huevos. El macho rociaba los huevos una y otra vez. Pronto uno de los huevos pareció estar dando una vuelta, pero solo por un momento. La membrana se rompió y hacia afuera saltó un diminuto coquí, como del tamaño de una hormiga común, pero con patas largas. La criaturita desapareció rápidamente. Entonces comenzaron a romperse los cascarones de otros huevos. Finalmente el agujero estuvo lleno de vida con huevos que daban vueltas y diminutos coquíes que huían buscando refugio.
El padre seguía rociando agua a intervalos, aparentemente sin preocuparse por la huida de su prole. Al terminar su labor, se fue. No se oyó su voz por varias noches. Pero después de más o menos una semana se oyó nuevamente aquel bien conocido sonido desde la misma ventana que el coquí usaba anteriormente. Y allí estaba sentado, mientras su cuerpo pequeño dejaba salir aquellas dos agradables notas: “¡co-quí!; ¡co-quí!”
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Imagen: Coquipr.com
Las casas ornamentadas de Haití…una muestra de arte
Las encantadoras casas ornamentadas de Haití no han salido de un cuento de hadas; son reales. Pero su gracia y peculiar belleza venidas de otra época, a la par que sus colores verde, amarillo, rojo, azul y marrón, les confieren un halo fantástico.
Su estilo arquitectónico conjuga líneas delicadas con una construcción sólida, que puede ser íntegramente de madera o de ladrillo, o una combinación de ambos. Algunas poseen ventanales que dan a balcones en saledizo cubiertos, sustentados por pilares de madera que parecen zancos. A veces, varias columnas de hormigón o de madera con núcleo de hierro adornan espaciosas galerías que comunican con jardines. Todo está ornado con finos labrados de carpintería en forma de encaje, y las ventanas ojo de buey, las veletas y las cúpulas realzan su aureola de quimera.
A principios de siglo, las casas ornamentadas eran muy populares entre la clase media de este país antillano. El costo de las importaciones de determinados materiales, como el ladrillo amarillo, las tejas de asbesto y el pino tea americano, las hacía inasequibles para la gente común. En la actualidad constituyen joyas históricas que atraen a los viajeros a Puerto Príncipe y a otras ciudades. Los visitantes quedan fascinados con la artesanía en madera llamada gótico carpintero. El desarrollo de este estilo de exuberante decoración en América fue posible gracias a la invención del torno para madera.
Influencia francesa. El arquitecto Paul Mathon, hijo de uno de los precursores de este estilo, León Mathon, explicó otro factor influyente en la aparición de las casas ornamentadas de Haití: “Por extraño que parezca al hablar de edificios construidos hace menos de un siglo, su origen es incierto. Si bien no podemos negar la influencia del gótico carpintero, tenemos que buscar la fuente de inspiración en las escuelas frecuentadas por los promotores de las casas ornamentadas. La influencia francesa es muy obvia, aunque adaptada a la vida, la cultura y el clima de Haití”.
Este estilo de construcción fue introducido en el país por arquitectos haitianos formados en Francia. Dijo Paul Mathon: “Ellos enseñaron a los ingenieros y maestros de obras cómo llevar a cabo lo proyectado en los planos. Las escuelas de carpintería produjeron verdaderos artesanos de la madera. Además, reinaba en el ambiente un espíritu artístico que propició la difusión de este tipo de arquitectura. Con el andar del tiempo, todo ello se perdió. Las imitaciones han sido de escaso mérito”.
El diseño está concebido para suministrar viviendas frescas en el clima tropical. Los techos, dos veces más altos que los de las edificaciones modernas, permiten más espacio para la circulación del aire, lo cual ayuda a mitigar el calor. Las persianas de cuerpo completo, que se cierran sobre las amplias puertas y ventanas, aseguran una buena ventilación en todas las habitaciones. La madera, empleada profusamente para recubrir pisos y paredes, sirve asimismo de excelente aislante térmico. Con todo, estas casas están siendo desplazadas por la aparición de nuevos estilos..
VISÍTALO también te lleva a las costas Hitianas…consúltanos….
Deleite su paladar…pero al modo japonés
¿HA COMIDO usted en un restaurante japonés? Si es así, quizás haya comido sukiyaki, un plato que incluye trocitos de carne con hortalizas, o tempura, el cual consiste en empanadas de carne fritas. Pero, ¿sabe usted que en el Japón rara vez comemos esos platos, salvo en los restaurantes? Le recuerda a uno del chop suey chino, el cual tampoco es un plato típico de ese país.
¿Qué, entonces, comen los japoneses cotidianamente en el Japón? ¿Y cómo se prepara este alimento? Por ejemplo, pensemos en el desayuno japonés..!
El plato principal en la mañana es arroz caliente, humeante y blandito. También existe sopa miso, tan importante para el régimen alimenticio japonés como el arroz. Para completar el desayuno, se puede servir varias clases de rábanos encurtidos, conocidos como tsukemono, y té verde. Además, muchas familias disfrutan de pescado al horno como plato secundario. Pues bien, ¿no le parece que esta es una comida nutritiva con la cual comenzar el día?
Por supuesto, la manera en que se prepara el arroz es lo que hace apetitosa la comida. El arroz japonés casi siempre se remoja antes de cocinarlo. De hecho, lo último que el ama de casa japonesa hace antes de acostarse es lavar el arroz para la mañana siguiente y dejarlo en remojo durante la noche.
La mayor parte de las japonesas modernas tienen una marmita para arroz eléctrica. Estas indican la cantidad de arroz y el agua que debe añadirse, y se apagan automáticamente cuando el arroz está cocido. Sin embargo, muchas amas de casa japonesas todavía usan una cacerola con una pesada tapadera que no se desprende cuando hierve el arroz. Para una familia de cinco (por ejemplo) se usa tres tazas y tres cuartos de arroz.
Se cocina el arroz en aproximadamente cuatro tazas de agua. Si se desea que el arroz quede más blando, se agrega más agua; para un arroz más espeso ponga menos agua. Después de hacer hervir el arroz y el agua, se disminuye el fuego, y se deja cocer a fuego lento por aproximadamente veinte minutos, hasta que se absorba toda el agua. A mediados de la cocción es buena idea girar la cacerola varias veces para que el arroz se cocine parejo. Ahora se apaga el fuego, y, sin quitar la tapadera, se deja que el arroz se cueza al vapor de diez a quince minutos. Ahora ya está listo para comer.
La base para la sopa miso se hace de soja, trigo o arroz, y sal. Esta mezcla se pone en un barrilito de madera para que fermente, formando una pasta espesa.
Para hacer la sopa, primero se prepara un caldo de pescado seco o algas marinas secas. Entonces se le agrega un poco de esta pasta de miso al caldo. Aunque la sopa es sabrosa de este modo, a algunos les gusta más cuando se le agrega rodajas de rábanos o cebollas o quizás pescado. Puesto que la alimentación japonesa tiene mucho almidón, esta sopa miso nos provee las vitaminas que necesitamos para permanecer sanos. La sopa miso es tan popular en el Japón que hay algunos restaurantes que solo venden esta sopa.
Viene..obvio…el almuerzo típico…podría ser…
Para el almuerzo, frecuentemente se empaqueta el arroz que sobró del desayuno en una pequeña caja o bento. Quizás se ponga encima de esto unos pocos encurtidos, algunos sobrantes de carne y hortalizas. Esto resulta en un excelente almuerzo en una caja portátil.
Para almorzar en el hogar, quizás yo haga ochazuke. Todo lo que se hace es derramar té verde caliente sobre el arroz que sobró. A los japoneses les encanta el sabor de este té verde junto con el arroz. En invierno es un plato caliente, y cuando una persona prefiere comer algo ligero en el verano, es muy delicioso.
Como puede verse, la familia promedio japonesa come mucho arroz, por lo general para el desayuno, el almuerzo y la cena. Y los cocineros japoneses han desarrollado algunas maneras singulares de prepararlo.
Claro…faltaría el típico sushi…pero VISÍTALO te indicará la forma de hacerlo……más aldelante…disfrute por ahora su paladar..pensando en el Japón….
Para gente “con altura”…..Bolivia
Para la gente del altiplano de Bolivia el ‘vivir en un nivel elevado’ es asunto cotidiano. Ahora bien, si usted es como la mayoría de la gente, cuando llega al aire ralo a altura mucho mayor de 1.600 metros comienza a sentirse algo aturdido, hasta mareado. Pero aquí, en esta meseta elevada a más de 3.200 metros sobre el nivel del mar, casi dos terceras partes del número de habitantes viven y trabajan cómodamente… con la cabeza un poco ‘en las nubes,’ y con los pies en tierra firme.
El altiplano es una meseta ancha y plana, que se extiende entre cordilleras escarpadas de los Andes descollantes. La meseta, barrida por el viento y árida, casi no tiene árboles. Sin embargo tiene su propia belleza extraordinaria. Aquí en el aire enrarecido la luz parece diferente… tan brillante, haciendo que los colores resalten con una claridad que no se ve en tierras situadas en altitudes inferiores. Para estos bolivianos, así como para sus antepasados por siglos pasados, ésta es su casa, y les agrada su modo elevado de vivir.
Lo que no se encuentre en el altiplano en cuanto a verdor o variedad, la gente lo compensa con su indumentaria llena de colorido. Los ponchos, frazadas de lana cuadradas y grandes, con una abertura en el medio para que entre la cabeza, son una prenda exterior de vestir de los varones que se usa con regularidad. Sandalias de hechura casera probablemente tengan suelas cortadas de neumáticos de autos desechados. Para las mujeres, las polleras de colores brillantes, faldas recogidas en la cintura y anchas en la base, alcanzan una longitud normal que está a la mitad entre la rodilla y el tobillo, sea joven o vieja quien se las ponga. Algunas de las cholas (mujeres de linaje mixto español e indio) quizás lleven cinco, seis o hasta diez faldas, una sobre la otra. En la espalda llevan un saco cuadrado de material tejido en el cual quizás lleven un bebé, o alguna ropa de cama, o productos que se estén llevando al mercado. Con las manos libres, al caminar las mujeres pueden hilar lana de oveja o llama, utilizando un huso sencillo.
¿De qué parte del país son? Por lo general sus sombreros lo indican. Las cholas que viven en las ciudades de La Paz y Oruro o alrededor de ellas llevan un sombrero de tipo hongo de color café, café con leche o negro. Las de la zona de Cochabamba llevan sombreros de paja dura esmaltados en blanco con una copa alta, atados en la base con un listón negro. ¿Las mujeres que no tienen sombreros? Probablemente son de Sucre, en la parte central del sur de Bolivia.
Sin importar de dónde sean, nunca tienen que preocuparse en cuanto a modas anticuadas… pues este modo de vestir ha subsistido básicamente igual por siglos. Y todavía es atractivo.
Pocos lugares igualan a los mercados bulliciosos en cuanto a vida y color. Las cholas se sientan en cuclillas o entronizadas con sus artículos y mercancías amontonados en torno de ellas. Las frutas y las hortalizas forman pequeñas pirámides nítidas. Las compradoras regatean con las vendedoras, que jamás esperan que se les pague el primer precio que dan. Cuando se efectúa la compra, las vendedoras siguen la costumbre latinoamericana de dar la yapa (o ñapa)… el puñado adicional de cualquier producto que se compra. Si sucede que uno es su primer cliente de la mañana, los esfuerzos por vender serán estrenuos. La superstición dicta que el primer cliente tiene que comprar algo o el negocio será malo todo ese día. Quizás besen el dinero de la primera venta, por el momento idolatrándolo por lo que se supone que traerá de buen negocio.
Cerca de allí hay muchachitos jugando con juguetes sencillos. Cápsulas de botellas, pacientemente aplanadas con una piedra, se usan en un juego similar al de las canicas. Aquí viene un muchachito con algo más elegante… un camioncito formado con unas latas de sardina, con carretes de hilo vacíos como ruedas y una cuerda para halarlo.
Cholitas, quizás de cinco o seis años de edad, juegan con muñecas de trapo hechas por las manos amorosas de sus madres. Como sus madres, llevan una indumentaria chola completa, incluso el saco en la espalda, quizás lleno de carozos, palitos o trapos… cualquier cosa que haga parecer que ellas también están llevando su propia carguita.
Cosas sencillas en comparación con lo que tienen muchos muchachos y muchachas en países industrializados. Y sin embargo estos niños obviamente están felices mientras juegan.
Esté a la altura de Bolivia con VISÍTALO….es una dicha!
Filipinas….es un sueño?
Como un collar de perlas esparcidas en medio del océano, las Islas Filipinas se extienden de norte a sur por 1.850 kilómetros, formando un límite brillante entre el océano Pacífico y el mar Meridional de la China. Nadie sabe con exactitud cuántas islas hay, —volcanes eruptivos siempre forman nuevas y las rompientes olas destruyen otras— de manera que simplemente se dice que hay “más de 7.000.” Solo alrededor de 4.000 de ellas están habitadas. Muchas otras no tienen nombre, ni ha pisado jamás el hombre su terreno.
¡En estas innumerables islas tropicales viven cuarenta millones de personas que hablan más de ochenta y siete dialectos y pertenecen a no menos de ochenta y un diferentes grupos étnicos! La influencia ejercida por los estadounidenses, españoles, malayos, chinos y árabes ha dejado su marca innegable en esta gente variada e interesante.
Pocos de nosotros tenemos el tiempo y el dinero necesarios para pasar meses familiarizándonos con el pueblo y la cultura de otras tierras. Pero los que se detengan siquiera por un día aquí en las Filipinas podrán ver de un vistazo rápido la vida en todo el archipiélago. A solo un tiro de piedra desde el Aeropuerto Internacional de Manila está el Ang Nayong Pilipino… las Filipinas en forma abreviada de treinta y cinco hectáreas. Un grupo de seis “aldeas” fascinantes representan las regiones básicas de las Filipinas: las regiones de los musulmanes, las Visayas, el norte de Luzón, la Provincia Mountain, los bicoles y los tagalos. Cada aldea es una muestra de la arquitectura, el paisaje y las artes y oficios típicos que señalan en una aldea nativa real de cierta región en particular.
Al entrar al parque, nos vemos frente a frente con una selección de los medios de transporte filipinos típicos: la calesa y el yipni. La calesa es un carruaje de mucho colorido, tirado por caballos, que evoca reminiscencias del período de dominación española durante el siglo diecinueve. A pesar de que gradualmente han ido desapareciendo de las ciudades más grandes para dar paso a los vehículos de motor, la reciente escasez de combustible y el aumento de los precios, han traído de vuelta a las atestadas calles de las aldeas cada vez más de las tradicionales calesas.
Pero tomaremos el yipni que es casi un recién venido. Los yipnis se impusieron después de la II Guerra Mundial, cuando la falta de medios de transporte en masa se vio igualada por un excedente de yipes del ejército estadounidense. Filipinos emprendedores descubrieron que, si les colocaban una carrocería más larga con dos asientos largos en la parte posterior, el resultado era un mínibus de cuatro ruedas que podría vérselas fácilmente con las calles de barro más desparejas y con las corrientes henchidas por la lluvia. La capacidad del pequeño yipni para llevar pasajeros —humanos, animales y vegetales— parece ilimitada. Y a menudo se ve que los conducen con espantoso abandono.
Fáciles de avistar, estos autobuses caseros llevan pintados dibujos de colores brillantes, y además los han personalizado con carteles igualmente brillantes que dicen cosas como “Tuyo por siempre,” “Amor verdadero,” o “Novia mía,” en la capota, los lados y los paragolpes. En el interior, quizás un texto bíblico, tal como “Prepárate para encontrarte con tu Dios,” decore el tablero. Añada una media docena o más de espejos y bocinas brillantemente cromadas, y el resultado es un yipni, una mezcla fascinante de lo que es práctico y duradero y el arte nativo.
FILIPINAS es un sueño para realizar! VISÍTALO te ayudará en todo para lograrlo…..













